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Marisa se propuso cambiar el mundo y lo hizo. Era hermosa, elegante y poderosa. Era una líder compasiva y valiente que quebró muchas barreras y desafió prejuicios y suposiciones sobre las mujeres y las personas con discapacidades. Una verdadera pionera que mejoró la vida de miles de personas con discapacidades en cada comunidad en la que vivió. Su legado vive en la escuela que fundó y a través de las personas que tuvieron el privilegio de recibir sus enseñanzas.

Actualmente, el espíritu de Marisa vive en la medida en que continúa trabajando a través del programa DanceAbility en Latinoamérica realizando su gran visión de difundir paz y amor.


Marisa de Leon y DanceAbility

Marisa Lusiardo de Leon

Marisa de Leon & Alito Alessi side by side
Unidos por DanceAbility:
Marisa de Leon y Alito Alessi.

Marisa vivía en San Francisco y en el año 2000 se mudó a Oregon. En el 2005, leyó en el periódico local un artículo acerca de la Beca de Investigación Guggenheim que Alito había recibido, entonces lo invitó encontrarse con ella (Alito Alessi es el Director Artístico de DanceAbility International). Su amistad fue inmediata. Instantáneamente sintieron cariño y respeto el uno por el otro. Sobre su primer encuentro Alito recuerda: “Ella era encantadora, elocuente y estaba en buen estado físico a los 93 años. Me mostró diferentes aparatos para hacer ejercicios que usaba para mantenerse en forma, algunos eran de 1970. ¡Me asombró! No podía creer lo que ella era capaz, hacía hasta algunas posturas de yoga que yo nunca había intentado.&rdquo

Alito escuchó sus relatos. Marisa fue una pionera en el trabajo en que él está comprometido actualmente. Le contó historias y le mostró fotos de la escuela para niños discapacitados que había fundado en Uruguay en 1940. Luego de este encuentro y por algunos años Marisa asistió a varios talleres y espectáculos de DanceAbility.

Foto histórica en blanco y negro de un niño con sus muletas caseras en la Escuela Roosevelt que fundó Marisa en Uruguay. Foto histórica en blanco y negro de un niño con sus muletas caseras en la Escuela Roosevelt que fundó Marisa en Uruguay. Foto histórica de un niño con muletas y soporte ortopédico en las piernas en la Escuela Roosevelt.

Durante el espectáculo “Joy Lab Research” », en Eugene, donde se mostraba una coreografía con bailarines con y sin discapacidades, Marisa tuvo una visión. Desde un principio ella quería que los niños de su escuela en Montevideo, Uruguay, tuvieran clases de danza pero el gobierno no lo aprobaba ni lo permitía. Con sus 75 años de experiencia apoyando a niños con discapacidades se dio cuenta del potencial del método que Alito había desarrollado y decidió comenzar a financiar el trabajo de DanceAbility.

Casualmente, en ese mismo momento, la directora de la escuela de Montevideo Beatriz Fastoso se contactó con Marisa para contarle que la escuela Roosevelt continuaba trabajando con los niños. Pasaron décadas en las que Marisa no había estado en contacto con la escuela. Encantada con que hubiera prosperado hizo donaciones para comprar camionetas y para construir una piscina de natación para rehabilitación. En el 2007 financió un pequeño proyecto para llevar a Alito a enseñar el método DanceAbility al personal de la escuela. Esta fue la base para el desarrollo de las clases de DanceAbility que continúan actualmente, así como para el programa comunitario de DanceAbility para adultos. El éxito de este primer proyecto inspiró a Marisa a hacer una considerable donación para difundir DanceAbility en toda Latinoamérica. Su donación permite que futuras generaciones y personas con y sin discapacidades descubran la dicha de bailar juntos.

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Historia de la vida de Marisa

Ella supo desde temprano en su vida que quería a ayudar a otros. “Cuando tenía doce años comencé a interesarme en la educación para la salud, la medicina y en las personas con discapacidades,” contaba Marisa quien nació en Montevideo, Uruguay, en 1911.

(Una versión mas detallada de este artículo se encuentra aquí en la página de DanceAbility en Inglés.)

Después de estudiar en la escuela secundaria se recibió de enfermera mientras trabajaba en Y.M.C.A. Fue influenciada por el Dr. Gonzalez, un pionero en gimnasia y kinesiología en Uruguay. Él promovía la vida sana a través de dietas, vida al aire libre y ejercicio. Marisa cuenta: “En ese momento, además de trabajar con el Dr. Gonzalez, organicé el programa de educación física para el primer club deportivo de mujeres en Uruguay llamado Club Femenino Capurro. Los deportes y el ejercicio no eran populares para mujeres en esos tiempos.”

En 1935 le otorgaron una beca en Texas University for Women, una universidad para mujeres. Estudió educación física y obtuvo una Licenciatura de grado en Ciencias. “En la Universidad - decía Marisa - me especialicé en gimnasia correctiva para personas con discapacidades. El Dr. Josephine Rathbone de la Universidad de Columbia fue una inspiración. Siempre estuve activa promoviendo relaciones internacionales entre Latinoamérica y Estados Unidos a través de reuniones y grupos de estudiantes.”

Entre 1939 y 1940, también con una beca, continuó con su trabajo de posgrado en Kinesiología y Fisioterapia en la Universidad de California en Berkeley. “Comencé a interesarme en niños con parálisis cerebral porque habían sido descuidados hasta el momento y me di cuenta cuánto podrían ser ayudados” dijo Marisa. Dos de sus mentores fueron Mildred Shriner y Dr. Earl Carlson, expertos en parálisis cerebral. Más tarde tradujo su libro “Born That Way” (“Nacido de esa manera”) al español.

“Volví a Uruguay en 1941. Era difícil introducir allí la idea de iniciar una escuela para la reeducación de niños con parálisis cerebral. Yo no tenía título médico y mis conceptos acerca de la reeducación muscular eran revolucionarios. En aquel momento las dolencias musculares eran tratadas únicamente con masajes.” Pero con su perseverancia logró abrir una escuela (la Escuela Roosevelt que actualmente sigue funcionando). Era una escuela privada que comenzó en una casa alquilada con tres habitaciones. “Empezamos las clases en 1941 con pocos muebles y un equipamiento muy pobre. Teníamos sólo un profesor para materias teóricas. Yo hacía fisioterapia y dirigía la escuela y la recaudación de fondos. Nuestra piedra angular era la enseñanza de los conceptos de confianza y respeto en uno mismo”. Los niños pagaban de acuerdo a sus posibilidades y algunos no pagaban nada. A medida que la reputación de la escuela fue creciendo, los voluntarios y donantes se multiplicaron. ¡Hasta la hija del Presidente de Uruguay era voluntaria en la cocina! Muy pronto, en los titulares del periódico, Marisa empezó a ser conocida como “la dama Uruguaya con gran fortaleza,” “la dama con una Misión” y como una “Pionera” ayudando a niños con parálisis cerebral en Sudamérica.

Aunque en la escuela había sólo diez alumnos Marisa tenía grandes sueños. Trabajó en la creación de la Asociación Nacional para Personas con Discapacidad. En 1942 fundó la asociación Nacional para el Niño Lisiado con los mejores educadores y doctores del país como parte de la mesa directiva. Luego de trasladarse a un espacio más grande, con más personal y alumnos, la escuela comenzó a ser renombrada como la primera de su tipo en toda Latinoamérica.

Foto histórica en blanco y negro de un niño con sus muletas caseras en la Escuela Roosevelt que fundó Marisa en Uruguay. Foto histórica de un niño con tracción de cuello en la Escuela Roosevelt. Foto histórica de una niña con andador en la Escuela Roosevelt en Montevideo.

Desde el comienzo la escuela tuvo buenas relaciones con instituciones de Estados Unidos. “El Embajador de Estados Unidos, William Dawson, y su mujer nos visitaban seguido y nos apoyaban.” La señora Dawson elegió a Marisa para entregarle una de las tres insignias que le había enviado la esposa de Franklin Delano Roosevelt. “Trabajábamos con instituciones para lisiados similares en Estados Unidos. Varios artículos y fotos sobre nuestra escuela fueron publicados allí. Recibimos otros visitantes norteamericanos como los representantes del Departamento de la Infancia en Washington, de la Fundación Rockefeller y de las Escuelas Públicas de Oakland.” Con la muerte del presidente Roosevelt cambió el nombre de la escuela y comenzó a llamarse Escuela Franklin Delano Roosevelt.

En 1943-1944 Marisa organizó y enseñó el primer programa de entrenamiento de fisioterapia en Uruguay. Luego de tres promociones de graduados la universidad notó el valor del programa y lo tomó estableciendo la Escuela de Kinesiología dentro de la Escuela de Medicina. Para ayudar al desarrollo de la fisioterapia en Uruguay con excelente nivel trabajó con la Escuela de Medicina y Kinesiología para ayudar a fundar la Asociación Nacional de Fisioterapia.

En 1947 se trasladó a Perú con su esposo Frank de León Pérez. Continuó con educación para la salud y en una oportunidad fue enviada por la Fundación Rockefeller a Iquitos, un pueblo en la selva del Amazonas, para ayudar en una epidemia de polio.

Más tarde, Marisa y su marido se mudaron a Berkeley, California, y se establecieron en esa área por varias décadas. En 1950 desde el departamento de Recreación de Oakland le ofrecieron hacerse cargo del primer campamento para niños discapacitados en el lago Temescal. “Fue el primer proyecto de este tipo emprendido por un organismo público en la costa Oeste - y en el país entero -” según el periódico San Francisco Examiner. Marisa era fisioterapeuta, ejercía en forma privada y en el Hospital de la Marina en Berkeley, un puerto de entrada para soldados heridos que regresaban de Vietnam. Luego de la muerte de su esposo en 1983, se involucró con la Madre Mary Ann Wright (“Mother Wright”) ayudando en la rehabilitación de personas con pocos recursos en San Francisco y Oakland. En 1978 recibió un premio del International Institute of the Bay Area, honrando sus contribuciones a la comunidad.

Toda su vida Marisa fue muy atlética, ganó premios deportivos y competitivos de ski, tenis y carrera. En el 2000 ganó la carrera anual de beneficencia “Run to the Lake”, cuando tenía 90 años. Perteneció al San Leandro Tennis Club. Siempre desde que fue joven practicó Danzas Folklóricas sudamericanas, enseñando, mostrando y documentando distintas formas de danza. Era una apasionada de la danza y sus diferentes expresiones.

Llegando a sus 90 años Marisa nunca dejó de leer y aprender sobre medicina natural, filosofía y espiritualidad. Contribuyó en innumerables obras de beneficencia incluyendo el apoyo a niños con desventajas en varios países Latinoamericanos. Hizo una donación a DanceAbility International en el año 2007 que asegura un legado de danza con diferentes capacidades en toda Latinoamérica.

Murió el 2 de Mayo del 2008 pocas semanas antes de cumplir 97 años. Marisa será recordada con cariño por su buen juicio, su inteligencia y por su pasión por las personas y la vida.






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